jueves, 10 de septiembre de 2015

CAMBIO EDUCATIVO, ¿DESDE ARRIBA O DESDE ABAJO? - PRIMERA PARTE


Hace dos días asistí, junto con la mayor parte de mis compañeros de instituto, a una charla sobre las competencias básicas. Para quienes no estén inmersos en el mundo de la educación escolar, bastará con saber que se trata de un enfoque -  pretendidamente novedoso - sobre el aprendizaje, que se está impulsando desde instancias tan “elevadas” como la OCDE  y la propia Unión Europea.

No pretendo discutir aquí sobre sus posibles bondades o perversidades. Me interesa mucho más algo que surgió en el coloquio propiciado por el ponente. Éste planteó la típica tormenta de ideas inicial para que hiciéramos explícitas nuestras opiniones sobre el aprendizaje por competencias. Lo que salió a la luz fue la misma lista de problemas y preocupaciones docentes que vengo oyendo desde que nací a la enseñanza, en tiempos ya remotos. Sí, amigos, aunque no siempre lo parezca, la escuela es una de las instituciones más impermeables al cambio de todas las que ha inventado nuestra especie.

De los comentarios que hizo el ponente, uno me llamó especialmente la atención. Dijo -  con otras palabras, claro está – que él nunca se dirigiría a un grupo de profesores experimentados diciéndoles que sus prácticas docentes no servían para nada, y que debían adoptar las novedades que él predicaba. Si un colectivo de profesionales expertos se siente mínimamente satisfecho  (atención al condicional) con su práctica educativa, no tiene mucho sentido pedirle que la cambie de arriba abajo. Yo añado que menos sentido tiene aún si quien nos lo reclama es la administración que, al mismo tiempo, nos reduce el salario, nos aumenta el número de horas lectivas y hace más duras nuestras condiciones de trabajo. Me temo que todo cambio educativo promovido desde las alturas está condenado a ser superficial y estancarse en esos cenagales burocráticos tan queridos a nuestras administraciones.

Sin embargo, a veces sucede que el condicional al que antes me refería no se cumple. Por ejemplo, en mi instituto, un grupo de profesoras compartimos la convicción de que las prácticas docentes habituales pueden y deben ser transformadas para conseguir una educación más plena en cuanto a valores, destrezas, conocimientos, etc. Si pasamos a la acción y comenzamos a desarrollar un proceso de aprendizaje colectivo que modifique progresivamente nuestra práctica docente, ¿qué puede ocurrir?
 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario